sábado, 23 de febrero de 2019

La coraza


Qué bien se está detrás de la coraza, ¿verdad?

Ese muro alto y de piedra que creas alrededor de tí misma y que no permite que nada ni nadie te haga daño. Te crees invencible, piensas que ya nada va a volver a hacerte daño, porque te sientes protegida, y cualquier pensamiento que viene a desestabilizarte lo bloqueas antes de que cause cualquier estrago.

Te vuelves fría, piensas las cosas desde puntos de vista que antes no eras capaz de comprender. A veces ocurre que viene alguien a arañar ese escudo, sutilmente, pero en cuanto te das cuenta sacas las uñas con toda las fuerzas posibles para que tu armadura quede intacta.

Y cuando consigues defender tu coraza, te sientes fuerte, te sientes poderosa y la endureces aún más. Piensas que ya no va a haber nada en la vida que vuelva a hacerte sufrir.

Cuando sientes que alguien intenta tocarte un poco el corazón, desconfías, piensas que tiene intenciones ocultas, que quiere manipularte para conseguir algo de tí, que si te abres volverán a romperte. Entonces te escondes en tu refugio y lo exteriorizas mostrando indiferencia a los sentimientos, e incluso a través de la ira, creas una guerra, una lucha constante en la que lo único que interesa es quedar por encima de quien intente hacer caer esa muralla. Y ganas la batalla, claro.

Pero después de tanto luchar para fortalecer la coraza y protegerte, te sientes cansada, te das cuenta de que te has olvidado de ti misma, de que te estás fallando una vez más.

Vivimos en una época en la que se ha condenado a las personas que sienten, que se dejan llevar por el corazón, que expresan sus emociones sin mesura. Nos han hecho creer que esa forma de vivir nos hace vulnerables. Que mostrar al mundo quién eres, sin complejos, con nuestros más y nuestros menos, nos hace débiles.

Pero... ¿quién es más débil?, ¿el que se esconde por miedo a sentir?, ¿o el que siente sabiendo que puede salir herido?

Siempre he pensado que las personas fuertes son las valientes, las que a pesar del miedo arriesgan una vez más porque piensan que pueden conseguir lo que quieren, sabiendo que pueden perder y volver a salir heridos. Todos somos guerreros en nuestra propia vida y tenemos que luchar por todo aquello que deseamos, por nuestros sueños, porque nuestro mundo sea un poco mejor, y si caemos, volver a levantarnos, porque cada día es una nueva oportunidad.

Es cómodo estar detrás de la coraza, no molestas a nadie y nadie te molesta a ti.  Nadie sabe cuáles son tus puntos débiles, no pueden hacerte daño.

Sin embargo, llega un momento en que te paras a pensar, y empiezas a ahogarte dentro de ese caparazón que te has creado. Te asfixias. Te das cuenta que ya no eres tú, que te has olvidado de ti misma, que te estás fallando.
Ahí es cuando te das cuenta de que eres vulnerable, que no eres invencible, y eso te da miedo. Pero también ves que necesitas salir de ahí y darte una nueva oportunidad.

Y lo haces cuando por fin abres los ojos, y te aceptas a tí misma porque no eres perfecta, ni tienes que serlo, ni tienes que condenarte por haber cometido errores, simplemente quieres ser tú misma y aceptar la vida como venga, y enseñar al mundo quien eres, con tus fortalezas y tus debilidades, y luchar, no volverte a esconder, enseñar al mundo quién eres y lo orgullosa que estás de ello,

Y SENTIR, Y SER.





1 comentario: